Siento un dolor en el costado
que es hacia adentro,
una herida hacia adentro que sangra hacia mí,
un ardor que se me mete hacia adentro.
Hay una foto, una en concreto,
que me estira un corte largo
del pecho hasta el ombligo.
Tengo una nuez partida entre las paredes
de la garganta, cortándome sus ángulos,
y no puedo parar de vomitar
arena; la boca me sabe a polvo
después de morder la tierra.
En las manos tengo llagas,
me falta la piel que se arrancó
escapada a tejerse con la tuya.
De los dedos me penden
gotas de sangre como puños,
y tengo el esternón quebrado
sudando el terror negro de perderte,
algún día perderte.
Fría está mi carne, grises mis labios y delgados,
temblando, temblando por un beso cierto.
Pero por fuera se me ve un chico bastante sano,
solo un poco triste, quizá un tanto viejo,
ni tan solo sapo amargo y en verdad,
creedme, tengo todo el cuerpo
completamente amputado,
nunca más he de tener doradas las pupilas.

