miércoles, 27 de enero de 2010 {1 comentarios}
sábado, 9 de enero de 2010 {1 comentarios}
martes, 8 de diciembre de 2009 {1 comentarios}
sábado, 14 de febrero de 2009 {3 comentarios}
¡Qué de cosas hay en el mundo! Mesas, libros, fruta, tapices, farolillos, lunas rielando... lomos de salmón, tabaco, pañuelos de seda, flores. Flores. Hay flores y de flores hay miles; tenemos amapolas -rojas, amarillas, violetas, congregadas en sus campos infinitos de las llanuras de Kazajstan-, las tradicionales rosas, lirios que parecen mujeres desplomadas de mucho parir -de nuevo embarazadas-, alhelíes pequeños, tan delicados uno a uno pero despreocupados en sus frondas, bondadosos, que crecen ya en ramos de sus tallos como racimos de coquetería natural. Luego hay cabras; cabras para comer las flores y para pisarlas. Y escopetas, para matar a las cabras de flores hechas; encastar perdigones entre jacintos y las violetas de sus vientres.
Me he inventado un roedor de las costas de China que vive para enjuagarse en los estanques. Come mariposas y algún que otro bichejo. También fuma de pipa, para atraer a las hembras. Su rutina no es complicada. Por las mañanas se desparasitan. Toda la mañana, hasta que el sol ya no hace casi sombra al los postes de teléfono; luego, como hace calor, cada uno coge un par de bolsitas de tamaño roedor cargadas con entremeses y platitos de plástico, y se les ve, solos o con compañía, yendo a sus estanques favoritos donde se quedan chapoteando hasta la noche. Está visto que a cada hora se dedican de una forma diferente a sus baños. Mientras que de mediodía, con el vapor que sale de las hierbas como si exhalasen su propio vaho templado y que levanta aquella neblina transparente, son animales activos y nadan y ríen, a medida que avanza el sol por el cielo se van cansando de sus juegos, o a caso solo sea por el influjo del atardecer que los amaina, y se les suele encontrar tumbados sobre el césped, mirando al cielo adormilados y acariciando, si es el caso, a sus parejas. Entonces participan todos de una felicidad extraña que les surge directa del alma rechoncha, de roedor, que tienen.
domingo, 4 de enero de 2009 {1 comentarios}
Oh, Dios. El mundo es horrible. Lo admito. Hasta yo necesito dispersión, alejarme de mí un rato y de las cosas que tengo cerca. Vanagloriarse de lo que uno es -de lo que uno está tan cansado-, es una forma, y no una mala forma. Me pone de humor ver que me revalorizo, que después de un día de perros (aquí estoy siendo victimista a posta porque hoy no estoy de humor, pero en general no tengo días de perros) aún existe dentro de mi yo pensante una parte que revolotea verborreica e ingeniosa y que es capaz de hacer cosas; serán textos, pero son mis textos. Que redoble algo mío en la cabeza de alguien que no sea yo, que redoble, no que cuchichee como el pensamiento de un adúltero cuando piensa en el matrimonio desde una cama que no es suya, o el de un hombre cualquiera en una hora de tantas en las que no acepta lo que se dice que es muy bajito... que redoble mi pensamiento en letras en la cabeza de alguien ya es más de lo que muchos consiguen al final de sus vidas. Y me hace sentir sup... mejor.
Nota: Platero y yo es un libro sublime -Juan Ramón Jiménez un poeta- pero no lo recomendaré. A saber quién puede llegar a leer estas líneas. No querría sentirme culpable al ver a alguien embruteciéndolo en un tren mientras hace que lee y lo rebaja a novelucha de máquina expendedora de pornografía cultural. Aunque, en serio, nunca había sentido tan vivamente un lugar como en esos capítulos.