Diálisis III: miedo

Hace un tiempo aprendí que hablar de dinámica social era casi siempre mala idea. Pronto la conversación se convertía en excusa de algunos de mis errores. “El mundo”, decía. “El mundo”. Y culpa del mundo eran mis mierdas. Es mejor no predisponerse para culpar a otros de tus males; incluso si tienes razón el berrinche no servirá para nada útil. A ti te apantallará de ti mismo y en quien te está escuchando incentivarás exactamente la misma cosa, y suerte si no coincide con tu análisis porque de hacerlo ambos saldréis de escena habiendo recorrido un poco más de distancia en el camino de la involución, ¡y congratulándoos! Siendo consciente de esto voy a escribir algo que puede recordar a esas veces en que un tipo evangeliza al resto con su verdades. Te aviso, lector, para que no caigas en la trampa fácil que hace que la gente se olvide de que es responsable de sus actos (no el mundo) y de que son suyos; no hay fórmulas secretas ni criterio de comparación. No se puede vivir a través de otra persona. De ellas te inspiras pero cada cual tiene que pensar por si mismo sus mierdas y sufrir hasta atravesar su sufrimiento. No harán el trabajo por ti. También eso es bonito, pero es belleza de una naturaleza a la que (esto sí es una tragedia) no estamos muy acostumbrados.

"La gente" vive tradicionalmente en unos universos de amargura que se procuran ellos mismos. Curiosamente el 90% de quien lea esto estará de acuerdo con lo que digo y no se incluirá en el grupo. Bueno, sigo. Creo también que esos universos se crean a través del miedo, o más, son figuras suyas. Aunque quizá sea mucho decir lo de que son ellos mismos los que se los preparan porque parece significar que lo hacen con plena consciencia de causa (cuando no es así), pero lo que sí está en sus manos es cambiarlo; se trata solamente de voluntad, tras rodearse de las cosas y las personas apropiadas para reunirla, pero el motor es uno mismo. Toda esa gente se reúne en sociedad y siendo mayoría éstas logran a través del miedo, por ejemplo, hacer perra a la vida, cruel al mundo y a las personas cosas complicadísimas (¡como si se tratasen de problemas! Qué locura); me gustaría hacerle entender a toda esa gente que es el sustrato en que se ha edificado tamaño edificio de la falta de cordura que las cosas son en gran medida como las trata su subconsciente. Así, la vida puede dejar de ser perra para ser milagrosa, el mundo aquello que evita que mueras de inanición y las personas fascinantes en su infinitud. Pero todo esto no tendría que escribirlo (sería una charla sobre dinámica social) si el miedo no fuese contagioso; en general el ánimo lo es y si el hegemónico en la calle es este estado de sitio que tan gravemente traté en su momento (http://rayhaller.blogspot.com/2009/05/sin-titulo.html), el asunto te acaba minando sí o sí. Las instituciones, desde la familia al estado, se limitan a regular el flujo de gente de las calles y, claro, son consecuentes con todo este asunto del miedo; necesariamente estarán empapadas de él. Bueno, a estas alturas ya debes saber por dónde voy, ¿verdad? Así que atajo hasta el final de la disquisición: el miedo, pues, es uno de los pilares que estructuran a occidente y como occidental estoy expuesto a ir dejándome convencer de que las cosas son tan horribles como las pintan, especialmente en momentos de debilidad y perdidismo en los que ansíe furiosamente respuestas de una vez, pronto, aunque sean malas respuestas y tengan que enjaularme en ese universo de amargura con que empieza el parágrafo.

He tenido miedo por mi futuro últimamente, por lo que voy a ser, lo que va a ser de mi vida. Ha sido la primera vez (es por la edad). Es un peso enorme de por si, pero a mí debe haberme lacerado aún más. Todo esto me ha estado pareciendo completamente surrealista, yo, digo, metido en eso. Hace un par de años era impensable, entonces yo era el mejor experto del mundo en sofisticar mi alma, evitaba cualquier cosa que lastrara mi impulso a ser cada vez más hondo, haciendo del realizar mi espíritu una forma de vida. Bajo la perspectiva que se tiene de las cosas en periodos de algidez interior como aquél las presiones que tenía ahora a mi alrededor, cada cual en su dirección, para que elijiese algo definitivo, algo con garantías, algo que me convierta en Alguien cuando con Alguien quieren decir lo que ellos querrían ser (casi siempre erróneamente) y no pudieron, eran simplemente una trivialidad que no me merecía y que estaban destinadas a sufrir las grandes mayorías incapaces de estar en contacto con lo que sí importa. Así que no solo he tenido que cargar el peso de enfrentarme a la deshumanización que se pretende para mí desde casi todas las esferas que hay en mi entorno, sino que me he enfrentado a ello sabiendo que era eso lo que estaba en juego mientras que aún, por estar en esta situación, era traidor de quien fui en el pasado y que nunca querría haberse visto envuelto en algo tan envilecedor; él no lo habría soportado y efectivamente no lo soporté. Por suerte eso no era el fin del mundo como pensaba sino el principio de muchos otros nuevos. Y esta fue una de las afecciones pero el miedo medró también en otras regiones de mi vida, obrando en ellas su zanja particular. He temido no ser suficiente sin tan solo saber para qué tenía que serlo. También me he hecho consciente de la muerte de una forma a la que aún no me había acercado, la de sentirla próxima. Por este miedo generalizado he tenido la sensación de ser terriblemente endeble como entidad física. Me puedo romper en cualquier momento. Por las noches me ha invadido un terror tal que he pensado que no lo sobreviviría. Últimamente ha sido una vorágine de miedos hacia cosas inconcretas y, en cualquier caso, futuras, lo que pueda pasar. En definitiva me he alejado mucho de quien soy con tantas preocupaciones por lo que debo ser (en principio ser para mí, el discurso es ese, pero en realidad se trata de ser para los demás). Probablemente este haya sido el gran error que tenía que limpiar de mis venas. ¡Solo se trataba de no tener miedo! Visto así no era tan complicado, pero el propio miedo, claro, me ha hecho demorar el tener valor. Es un gran paso. Ahora puedo confiar en la vida, es fácil y es natural. En mí ya confiaba. Y con esto me he liberado inmediatamente, vuelvo a tener ganas de sentir y de pensar, de vivir y de explorar mi potencialidad. Ya era hora. Llevo meses durmiendo 12 horas al día por reticencia a despertar y encontrarme con mi existencia; por dios, si estaba medio muerto. 

Al fin se descubre que el miedo era cosa infantil.

Ánimo

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