Sin título

Un mausoleo de carne:
sal roja brotando en las heridas.
El cuerpo se escabulle imbécilmente entre las alas;
en el borde del horizonte trabada sigue la promesa.
Es el fin de una vida,
así el sueño ecléctico de las horas.
       -Rotura-
El hongo negro en los corazones.
La carcoma en las personas.
El quebrar las lágrimas en un río adoquinado.
Hay que hervir los significados en imposturas.
Sopesar con cataclismos las virtudes.
Ser miope.
Hay que asesinar con saña los espacios abiertos.
Y urdir contentos la tumba en el perfil de nuestras manos.
¿Cómo querer si no nos quieren,
y cómo entender si no nos hablan?
¿Dónde está el norte,
dónde la salida,
dónde el sufrimiento último?
...
¿Es esto una broma?

El sol,
postrado más allá de la llanura,
quemaba aún hojas al viento.

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